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La Caducidad del Régimen de Jornada Laboral en la Seguridad Privada Dominicana: Una Amenaza a la Seguridad Ciudadana y al Bienestar Social

Por: Lic. Juan Pablo Tavera Plasencia

Abogado y Experto en Seguridad Privada

Santo Domingo, RD.

La seguridad privada en la República Dominicana se ha constituido en un pilar indispensable para la protección patrimonial, la paz social y la prevención del delito, operando como un actor clave en la arquitectura de la seguridad ciudadana. Sin embargo, detrás del servicio que resguarda la infraestructura económica y las comunidades del país, subyace una realidad laboral crítica: la vigencia de esquemas de jornada laboral obsoletos, extenuantes y contrarios a las dinámicas del trabajo moderno.

El marco que rige los turnos de trabajo en el sector de la vigilancia privada, predominantemente configurado en esquemas de 12 horas continuas o más,  resulta deficiente y retrógrado en relación con los estándares contemporáneos de salud ocupacional y productividad laboral. Esta distorsión no solo menoscaba la dignidad del trabajador de la seguridad, sino que genera un impacto directo y severo en la seguridad pública y en el bienestar de miles de familias dominicanas cuyo sustento depende de esta industria.

1. La Incompatibilidad de los Turnos Extenuantes con el Trabajo Moderno

Mientras la tendencia global en materia laboral avanza hacia la reducción de la jornada de trabajo, el derecho al descanso efectivo y el equilibrio entre la vida personal y laboral, el sector de la seguridad privada en la República Dominicana permanece anclado en esquemas propios del siglo pasado.

La imposición sistemática de jornadas de 12 horas diarias, que con frecuencia se extienden por retrasos en los relevos o la cobertura de turnos dobles, genera una sobrecarga física y mental desproporcionada. Desde la perspectiva del Derecho del Trabajo y de la salud ocupacional, someter a un trabajador a regímenes de vigilancia activa prolongada vulnera los principios de protección a la integridad física y mental consagrados en el Código de Trabajo y en los convenios internacionales sobre la materia. La fatiga crónica derivada de estas jornadas extingue la capacidad de alerta, el juicio crítico y la velocidad de reacción, desnaturalizando la función misma para la cual es contratado el personal de custodia.

2. El Alto Riesgo para la Seguridad Ciudadana y la Sociedad

La deficiencia en el régimen de jornada no es un asunto que se limite a la esfera privada entre empleador y empleado; constituye un factor de alto riesgo para la sociedad dominicana. El vigilante de seguridad privada no maneja tareas de oficina ni de baja responsabilidad: tiene bajo su cargo la custodia de vidas humanas, el acceso a infraestructuras críticas y, en muchos casos, el porte y manejo de armas de fuego.

Un vigilante extenuado por privación del sueño y jornadas excesivas presenta un deterioro cognitivo equivalente, en términos de tiempo de reacción y percepción del riesgo, al de una persona bajo los efectos del alcohol. Colocar a un trabajador en estas condiciones a custodiar un establecimiento comercial, un residencial o una entidad financiera implica:

Vulnerabilidad ante la Delincuencia: Facilita la neutralización del puesto por parte de la criminalidad organizada, que aprovecha el cansancio manifiesto del personal de guardia.

Riesgo por Manejo de Armamento: Incrementa de forma exponencial la probabilidad de accidentes por manipulación imprudente de armas de fuego, así como el uso inadecuado o desproporcionado de la fuerza ante situaciones de estrés o conflicto.

Falsa Sombra de Protección: Transmite una ilusión de seguridad a la ciudadanía y a los contratantes que no se corresponde con la capacidad real de respuesta operativa del personal.

3. La Precarización de la Familia del Vigilante de Seguridad

El sustento económico de miles de hogares dominicanos depende de la actividad de la seguridad privada. Sin embargo, la estructura actual de turnos impone un costo social devastador sobre el núcleo familiar.

Las jornadas prolongadas, sumadas a los tiempos de traslado en el transporte público, privan al trabajador de la posibilidad de ejercer una paternidad o maternidad responsable, participar en la crianza de sus hijos y mantener una convivencia familiar sana. Esta ausencia prolongada en el hogar contribuye a la desintegración del tejido social, un fenómeno que genera caldo de cultivo para la marginación y la delincuencia en los propios entornos comunitarios de los trabajadores.

Asimismo, el desgaste físico prematuro y las patologías crónicas derivadas de la falta de descanso reducen la vida útil laboral del vigilante, empujando a sus familias a situaciones de vulnerabilidad económica permanente ante la ausencia de un retiro digno o coberturas de salud adaptadas al desgaste del sector.

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